domingo, 4 de diciembre de 2016

No aprenderemos nada, si no salimos de nuestra zona de confort


Hay situaciones que nos hacen sentir ansiedad: hablar en público, iniciar conversaciones con extraños, exponer ideas en reuniones... Son situaciones importantes en nuestra carrera profesional, pero que nos pueden aterrorizar personalmente. ¿Quién desea sentir ansiedad? 

Estas actividades y otras más son incómodas pero necesarias en nuestro desarrollo. A medida que crecemos en nuestra carrera profesional, nos enfrentamos a situaciones que requieren nuestra adaptación pero que pueden generar estrés y ansiedad. Ello se ha convertido en la normalidad en la actualidad. Sin las aptitudes y la voluntad necesarias, evitar estas situaciones puede suponer perder oportunidades de desarrollo. La cuestión es como evitamos evitar, valga la redundancia, las situaciones incómodas. 

La primero es ser honesto con uno mismo. Cuando evitamos un discurso en público ¿es por que nos falta tiempo o nos aterroriza hablar ante una audiencia? Cuando evitamos enfrentarnos a un colega que socava nuestros esfuerzos ¿es por que creemos que si lo hacemos únicamente parará temporalmente o por que nos da miedo el conflicto? No nos damos cuenta, pero utilizamos una larga lista de excusas para conservar nuestra zona de confort. ¿A caso no somos capaces de identificarlas en los demás? Si creemos que el resto se excusa en débiles pretextos, ¿por qué no podría ser también nuestro caso? Por lo tanto, la respuesta es clara, no superaremos la inacción sin ser honestos con nosotros mismos. 

Toma el control de ti mismo. Reconocer nuestros sentimientos y aprovechar la conciencia de ellos puede favorecer afrontar situaciones fuera de nuestra zona de confort de forma que sean menos incómodas. Por ejemplo, si detestamos las reuniones de networking por considerarlas excesivas y ruidosas como para desarrollar relaciones, trataremos de buscar pequeños situaciones más apacibles para tener conversaciones provechosas con aquellos con los que realmente nos interesa relacionarnos. 

Finalmente, debemos lanzarnos. Si queremos salir nuestras zona de confort, debemos dar hacerlo nosotros mismos. Debemos forzarlo nosotros mismos y posiblemente descubriremos que no es tan malo como pensábamos al principio. Empezar con pequeños pasos. No hace falta empezar dirigiéndose una audiencia de cientos de personas si lo que pretendemos es superar el miedo a hablar en público.  

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