jueves, 10 de septiembre de 2015

¿Qué cambiará el mundo?


¿Qué es lo que cambiará el mundo en el futuro? Nunca sabremos qué es lo próximo que cambiará el mundo. Pero ¿y si fuéramos capaces de intuirlo? Si fuéramos capaces de intuir en qué dirección se mueve el mundo, hacia dónde vamos y tomar decisiones para anticiparse a esos movimientos. Pues de eso trata el informe de McKinsey "No Ordinary Disruption: The Four Global Forces breaking all the trends". Como su propio título indica, nos da pistas de los cuatro fuerzas disruptivas que cambiarán el mundo en el siglo XXI.

Primera fuerza: la era de la urbanización. El incremento anual de la población urbana en 65 millones de personas. La focalización de dicho incremento en ciudades de mercados emergentes que en muchos casos ni siquiera hemos oído hablar hoy como Tianjin, Hsinchu o Santa Catarina. Se desarrollarán grandes megaciudades cuya riqueza será equivalente a la de un país europeo mediano como Suecia. Se estiman que en 2025 habrán 440 ciudades en mercados emergentes que acumularan cerca de la mitad del crecimiento de la riqueza global. 46 de las 200 ciudades más pobladas serán chinas. Han salido de la pobreza 650 millones de personas en los últimos 20 años. Se estima que el consumo anual crecerá en 150% entre 2010 y 2030. Imaginemos qué podemos conseguir en los próximos 25-50 años.

Segunda fuerza: aceleración del cambio tecnológico. Se espera que en 2025 un trillón de dispositivos estén conectados a internet. El tiempo medio de adopción de las nuevas tecnologías ha descendido a niveles anecdóticos: la radio tardó 38 años en conseguir 50 millones de usuario, 13 la televisión, internet sólo tardó 3 años en conseguirlo, Twitter no llegó al año. Las nuevas tecnologías disruptivas aparecen cada vez con más frecuencia que propiciarán nuevos modelos de negocio como en su día los fueron la telefonía móvil, internet, internet móvil o el los portales electrónicos de comercio entre otros.

Tercera fuerza: el envejecimiento de la población. La humanidad está envejeciendo. La fertilidad decrece. Esto es especialmente agudo en las economías desarrolladas, pero también llegará a los países emergentes como China o los países latinoamericanos entre otros. Un ejemplo, Tailandia ha visto descender su tasa de natalidad de 5 en los 70 a 1,4 en la actualidad. A ello también se le suma el efecto del incremento de la esperanza de vida, la cual se estima que habrá aumentado treinta años en el 2050 respecto de 1950. En general, las economías avanzadas verán como un 25% de su población contará con más de 65 años en 2050 y las economías emergente verán cómo este grupo de población se habrá triplicado con respecto las tasas actuales llegando hasta el 14%. En términos económicos ello provocaría una pérdida de productividad mundial que se traduciría en caídas de la riqueza y mayor presión sobre las finanzas públicas.

Cuarta fuerza: mayor globalización. Hasta ahora solo habíamos visto la globalización como un mayor comercio internacional y un mayor movimiento de capitales especialmente entre Europa y Estados Unidos. Pero estamos asistiendo a nuevos intercambios y más complejos. Asia se está convirtiendo en un gran hub del comercio mundial. El incremento de las interrelaciones de los miembros de esta región entre ellos mismos y con otros continentes, en concreto África, abre la puerta a nuevo escenario. El movimiento de personas es igualmente interesante.Un billón de personas viajaron a otros países en 2009. Cinco veces más que en 1980. El intercambio de datos y su almacenamiento también se encuentran en el punto de mira. El tráfico online global en 2012 fue 500 veces mayor que el del año 2000. El incremento del volumen de los flujos de capitales que ha pasado de 5 a 26 trillones de 1990 al 2012 han generado mayor volatilidad media de los mercados.

En resumen, cuatro grandes fuerzas en movimiento continuo que están cambiando nuestra realidad y que la cambiarán aún más en el futuro. La tendencia del pensamiento humano a ver el futuro mucho más parecido al pasado que a imaginarlo de forma diferente ralentiza la adaptación a los cambios. Es por lo tanto imperativo la detección precoz de las fuerzas que mueven el mundo y anticipar acciones que permitan una mayor y mejor adaptación cuando sus efectos sean evidentes.


Fuente: McKinsey

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